El auge por la preocupación medioambiental hace que surjan muchos neologismos que puede que se nos escapen. Es el caso del ecodelito, un concepto relativamente nuevo que es posible que no sepamos exactamente lo que significa. No os preocupéis, para eso estamos nosotros aquí, ¡a partir de ahora podréis añadirlo a vuestro vocabulario sin ningún tipo de problema, ¡porque vamos a contaros exactamente lo que significa!
Hasta hace tan solo unos años, los delitos de carácter ecológico no tenían castigo alguno. Los descerebrados que decidían atentar contra el medioambiente lo hacían impunemente mientras lo pagaban la naturaleza y la propia sociedad. Por suerte, las autoridades decidieron ponerse las pilas y tipificar los ecodelitos en el código penal. ¿Y qué significa esto? Pues que de un tiempo a esta parte, atentas de cualquier modo contra el medioambiente puede hacer que terminemos con nuestros huesos en la cárcel.
Contaminar el agua o el aire, arrojar basura donde no se debe, producir un exceso de ruido o generar más iluminación de la cuenta puede ser considerado una falta grave y se castigará como tal. El endurecimiento de los castigos ha sido clave para la concienciación de un amplio sector de la población para la que este tipo de medidas parecen ser las únicas posibles para generar unos cambios de conducta en él.
Lamentablemente, la lista de agresiones contra la naturaleza es larga, pero hay algunas que se repiten con demasiada frecuencia en nuestros juzgados. Entre los ecodelitos más habituales en España encontramos:
Desde la reforma del Código Penal (artículos 325 a 331), las consecuencias se han endurecido drásticamente para frenar la impunidad por cometer delitos ambientales, incluyendo penas de cárcel.
Si una persona o empresa causa daños sustanciales a la calidad del aire, el suelo o las aguas, puede enfrentarse a penas de prisión de seis meses a dos años, multas económicas elevadas e incluso la inhabilitación para ejercer su profesión u oficio. En los casos más graves, donde el riesgo para la salud de las personas sea directo o se afecte a espacios protegidos, la condena puede ascender hasta los seis años de cárcel.
Además de la vía penal, el infractor está obligado a la reparación del daño causado. Esto significa que no basta con pagar la multa; hay que invertir el dinero necesario para restaurar el ecosistema a su estado original. En Yoigo Luz y Gas creemos que la mejor defensa es la información: conocer la ley nos ayuda a ser ciudadanos más responsables y comprometidos con un futuro sostenible.
Por desgracia, tal y como quedó demostrado con todo el asunto del coronavirus, el único método con algunas personas está en imponer castigos, ya sean económicos o de cualquier otra índole. Hay quien no es consciente de lo que ocurre hasta que no se le toca el bolsillo, pero lo cierto es que ser negacionista del medioambiente, a estas alturas, es de no estar precisamente cuerdos. Planeta Tierra solo tenemos uno, ¡y más nos vale cuidarlo lo mejor que podamos!