Somos cada vez más conscientes de la necesidad de proteger el medio ambiente pero es imprescindible la implicación de todos para que realmente el cuidado del planeta en el que vivimos nos permita una existencia sostenible. Por eso, son bienvenidas todas las políticas que provienen de las instituciones públicas para mejorar el aire que respiramos, como es la delimitación de los estándares de contaminación.
Los estándares de contaminación o estándares de calidad ambiental son los indicadores que determinan los valores máximos permitidos de partículas contaminantes en el aire. Esos valores están establecidos por las autoridades medioambientales competentes, que en el caso de España vienen marcados por la normativa de la Unión Europea. Esta legislación regula los límites aceptables de emisión de gases contaminantes a la atmósfera y se basa en el Protocolo de Kioto, cuyo objetivo es reducir las emisiones de gases con efecto invernadero.
Las normas al respecto son cada vez más restrictivas respecto a las emisiones de gases como el óxido de nitrógeno, los hidrocarburos, el monóxido de carbono y otro tipo de partículas nocivas para el medio ambiente que proceden, fundamentalmente, del transporte (automóviles, camiones, trenes y demás maquinaria de estas características).
Para saber si estamos cumpliendo la ley, no basta con mirar al cielo; hace falta tecnología de precisión. La medición de los estándares de contaminación se realiza mediante redes de estaciones de vigilancia atmosférica repartidas por toda España. Estas estaciones utilizan sensores de alta sensibilidad que captan muestras de aire las 24 horas del día.
Principalmente, se miden concentraciones de gases como el dióxido de nitrógeno y micropartículas. Los datos se centralizan en el Sistema Español de Información, Vigilancia y Prevención de la Contaminación Atmosférica, bajo las directrices de la Ley 34/2007 de calidad del aire. Si los niveles superan los límites fijados por la Unión Europea, se activan protocolos de emergencia, como las restricciones de tráfico en ciudades. ¡Es una vigilancia constante para tu seguridad!
Nuestro país está obligado a reportar un informe a la Comisión Europea cada año en el que detalle los datos sobre la calidad del aire que respiramos en base a esos estándares de contaminación establecidos en la normativa comunitaria. Así se obtiene una visión general sobre las condiciones en las que se encuentra el aire que respiramos, pudiendo ver también el progreso conseguido con la aplicación de la normativa vigente.
Para cumplir con la legislación europea se establecen una serie de controles de las emisiones que son de aplicación, por ejemplo, para los vehículos que se fabrican y que se van a comercializar en la Unión Europea, aunque la norma no es obligatoria para los que ya están en circulación. Es obligatorio cumplir con los límites de emisiones contaminantes en el uso de la tecnología, que están fijados de forma diferente para cada tipo de vehículo.
Quizás te preguntes por qué las normas de hoy no sirven para mañana. La respuesta es sencilla: la ciencia avanza y nuestra capacidad de impacto también. Los estándares se actualizan porque los estudios médicos revelan constantemente que niveles de gases que antes creíamos "seguros" en realidad tienen diversos tipos de contaminación y causas que afectan a nuestra salud cardiovascular y pulmonar.
Además, la tecnología evoluciona. Al ritmo que mejoran los motores eléctricos y las energías limpias, las autoridades elevan el nivel de exigencia para forzar a las industrias a ser más eficientes. Estas revisiones, impulsadas por organismos como la OMS y la Comisión Europea, buscan acelerar la transición energética. Una forma estupenda de sumarte a este cambio es elegir fuentes de energía menos invasivas; por ejemplo, revisar nuestras tarifas de gas puede ser tu primer paso hacia un hogar más eficiente. ¡Cada pequeño ajuste cuenta para limpiar nuestro aire!