Hay determinados factores que provocan que la emisión de gases contaminantes a la atmósfera se concentre más en determinados puntos o en determinados períodos de tiempo. Es en estos casos cuando hablamos de flujo de emisión.
Se llama flujo de emisión a la cantidad de contaminantes que vierte a la atmósfera una determinada fuente de emisión de gases contaminantes en un período de tiempo concreto. Este índice se expresa en masa por unidad de tiempo (kg/h, tm/año). El flujo o nivel de emisión es, en definitiva, la velocidad a la que es emitido un elemento contaminante por una fuente de emisión.
Hablamos en este caso de contaminantes primarios, pues son emitidos directamente por una fuente de emisión, aunque estos contaminantes pueden experimentar cambios y procesos químicos que los convierten en contaminantes secundarios. La concentración de todos ellos, primarios y secundarios, es lo que se conoce como nivel de emisión.
Sí, están totalmente relacionados. Un factor de emisión es la cantidad de contaminante que se libera por unidad de actividad (por ejemplo, kg de CO2 por kWh consumido, gramos de NOx por kilómetro recorrido o kg de SO2 por tonelada producida). Cuando multiplicas ese factor por el nivel de actividad (energía consumida, kilómetros recorridos, toneladas producidas, etc.), obtienes el flujo de emisión de esa fuente.
Esto significa que:
En tu día a día, esto se traduce en decisiones como elegir vehículos más eficientes, reducir consumos o contratar electricidad de origen renovable, lo que hace que los factores de emisión asociados a tu consumo sean menores.
Un contaminante primario es el que se emite directamente desde una fuente de emisión a la atmósfera y un contaminante secundario es consecuencia de los contaminantes primarios, ya que se origina cuando los contaminantes primarios reaccionan en la atmósfera con los agentes atmosféricos o la radiación solar.
Uno de los grandes problemas que se producen por la contaminación es que, una vez emitidos los contaminantes a la atmósfera, éstos no desaparecen. El viento, la humedad y el sol determinarán cuánto tiempo permanecen en el ambiente.
No existe un único valor de flujo de emisión que pueda considerarse peligroso para todos los contaminantes y en cualquier situación. Depende del tipo de sustancia, de la duración de la emisión, de las condiciones meteorológicas y de la distancia entre la fuente y las personas o ecosistemas expuestos.
Por ese motivo, la legislación ambiental suele fijar valores límite diferentes según el contaminante y el tipo de foco, y se controla tanto el flujo de emisión (lo que sale por la chimenea o el foco emisor) como la inmisión o concentración en el aire que respiras. Un flujo relativamente bajo, pero continuo y mal dispersado, puede generar concentraciones elevadas y afectar a la salud, mientras que un flujo más alto, pero puntual y bien dispersado, puede tener un impacto mucho menor.
En general, se considera especialmente preocupante cuando el flujo de emisión:
En la Unión Europea existe el concepto de derechos de emisión de CO2, derechos especiales que se otorga a empresas contaminantes y que les permite rebasar los niveles recomendados de emisión de CO2. Estos derechos, por supuesto, suponen costes ampliados para las empresas que disfrutan de ellos.