El consumo energético real de un centro de datos tiene cada vez más impacto en un mundo digitalizado donde la demanda de datos crece sin pausa, impulsada por servicios en la nube, inteligencia artificial y el uso masivo de dispositivos conectados.
El consumo energético real de un centro de datos no solo incluye la electricidad necesaria para los equipos informáticos, sino también la energía que requieren sistemas de refrigeración, distribución de energía y otros servicios cruciales para mantener la infraestructura operativa y segura.
Antes de analizar cifras y tendencias, es imprescindible aclarar qué abarca realmente el consumo energético real de un centro de datos.
No se trata únicamente de la electricidad que consumen los servidores, sino de la suma de todos los sistemas que hacen posible que la información se procese, almacene y distribuya de forma continua.
El corazón de cualquier centro de datos son sus equipos informáticos: servidores, almacenamiento, redes y otros dispositivos que gestionan y procesan la información.
La energía que consumen estos sistemas depende directamente de la intensidad de trabajo; a mayor demanda de procesamiento (por ejemplo, cargas de inteligencia artificial), mayor consumo energético.
En este sentido, los servidores son la parte fundamental del consumo total, representando entre el 40 % y el 60 % del gasto energético global del centro de datos.
Más allá de los equipos de TI, el consumo energético de un centro de datos incluye elementos que garantizan el funcionamiento seguro y continuo de la infraestructura.
Los sistemas de refrigeración, necesarios para disipar el calor generado por los servidores, pueden representar hasta el 40 % del consumo total de energía.
Los sistemas de distribución eléctrica, UPS (Uninterruptible Power Supplies) y otros elementos auxiliares también contribuyen, aunque en menor proporción.
Entender cómo y cuánto consume un centro de datos requiere indicadores normalizados que permitan comparar eficiencia y resultados entre instalaciones.
La métrica más utilizada para medir el consumo energético real de un centro de datos es el Power Usage Effectiveness (PUE). Este valor se calcula dividiendo la energía total consumida por el centro de datos entre la energía que utilizan los equipos informáticos.
Un PUE ideal sería 1, lo que implicaría que toda la energía se utiliza exclusivamente en la carga informática, sin pérdidas ni consumo auxiliar.
En la práctica, la mayoría de los centros de datos operan con PUE que oscilan entre 1,4 y 1,6, aunque instalaciones avanzadas pueden acercarse a valores cercanos a 1,1.
Estos datos revelan que, incluso en los centros más eficientes, una parte considerable de la energía se emplea en refrigeración y sistemas auxiliares.
El tamaño del centro de datos y su diseño influyen de manera significativa en el consumo energético real. Centros de datos más grandes, como los operados por gigantes tecnológicos, suelen lograr mejores valores de PUE gracias a economías de escala y tecnologías avanzadas.
En cambio, instalaciones más pequeñas o con infraestructuras antiguas tienden a tener mayor consumo energético, ya que sus sistemas de refrigeración y distribución no son tan optimizados.
Los datos del consumo energético real de un centro de datos deben situarse en un contexto más amplio: el del consumo global de energía eléctrica.
Aunque los centros de datos han crecido en número y capacidad, su participación en el consumo total de energía eléctrica mundial sigue siendo relativamente limitada.
Según estimaciones recientes, los centros de datos representaron en 2024 alrededor de 1,5 % del consumo eléctrico global, cifra que podría duplicarse hacia 2030 debido al aumento de servicios digitales y tecnologías intensivas en datos.
En España y otros países, esta tendencia también se manifiesta con cifras relevantes, aunque siempre en el contexto de la creciente demanda de servicios digitales.
Las tecnologías emergentes como la inteligencia artificial y el machine learning tienen un impacto significativo en el consumo energético real de un centro de datos.
Procesar cargas de trabajo intensivas en datos requiere sistemas más potentes y, por ende, mayor energía.
No obstante, estas mismas tecnologías también se están utilizando para optimizar procesos de refrigeración y gestión energética, reduciendo ineficiencias y mejorando el rendimiento energético.
El consumo energético real de un centro de datos no es un número estático, sino el resultado de múltiples factores relacionados con el diseño, operación y demanda de servicios.
Un centro de datos diseñado con criterios de eficiencia energética puede reducir significativamente su consumo real.
Esto incluye la selección de sistemas de refrigeración eficientes, el uso de energía renovable y la implementación de prácticas que minimicen las pérdidas eléctricas.
La infraestructura eléctrica, las fuentes de energía y la ubicación climática influyen decisivamente en la eficiencia global.
La demanda de servicios digitales puede fluctuar considerablemente según la hora del día, la región geográfica o eventos específicos. Estas variaciones afectan directamente la carga de trabajo de los servidores y, por tanto, el consumo energético.
Por ejemplo, durante picos de uso de servicios en la nube o entrenamiento de modelos de IA, el consumo puede aumentar notablemente.
El consumo energético real de un centro de datos seguirá evolucionando por la interacción de tendencias tecnológicas, regulatorias y ecológicas.
La legislación y las iniciativas ecológicas están presionando para que los centros de datos sean más transparentes respecto a su consumo energético y adopten prácticas más sostenibles.
En Europa se está impulsando la recopilación de datos de consumo y la implementación de medidas que favorezcan la eficiencia, incluso la reutilización de calor residual.
Las innovaciones en tecnologías de refrigeración, como refrigeración líquida o sistemas de aprovechamiento de aire exterior, y el uso de fuentes de energía renovable están cambiando la forma en que se gestiona el consumo energético real de los centros de datos.
Estas tecnologías no solo reducen la demanda de electricidad, sino que también disminuyen la huella ambiental.
Este panorama permite entender el consumo energético real de un centro de datos desde múltiples perspectivas: componentes, métricas, tendencias y desafíos.
A medida que la infraestructura digital continúa expandiéndose, gestionar y optimizar el consumo energético será clave para equilibrar la demanda creciente de servicios con objetivos de sostenibilidad y eficiencia.
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