La pregunta sobre qué es la energía reactiva y cómo puede encarecer tu factura aparece cada vez con más frecuencia al revisar el recibo de la luz. Hoy vemos exactamente en qué te afecta.
Aunque la energía reactiva no se consume como tal, sí influye en el coste final de la factura, puede encarecer el importe mensual y genera dudas sobre qué papel juega, cómo se mide, qué es exactamente, cómo puede afectar y por qué aparece reflejada junto a otros conceptos habituales.
La energía reactiva es un tipo de energía asociada al funcionamiento de determinados equipos eléctricos que necesitan crear campos magnéticos o eléctricos para operar correctamente.
A diferencia de la energía activa, no se transforma en trabajo útil, pero es imprescindible para que muchos dispositivos funcionen.
En instalaciones con motores, transformadores o equipos electrónicos, la energía reactiva aparece de forma natural. El problema surge cuando su presencia es elevada, ya que el sistema eléctrico debe transportar más energía de la necesaria, afectando a la eficiencia global.
La energía activa es la que realmente se consume para iluminar, calentar o poner en marcha un equipo. La energía reactiva, en cambio, no realiza trabajo útil, pero circula entre la red y la instalación.

Esta diferencia es clave para entender por qué la energía reactiva no “se gasta” como tal, pero sí puede encarecer la factura cuando supera determinados límites establecidos por las comercializadoras.
Las compañías eléctricas miden la energía reactiva porque afecta al rendimiento de la red. Un exceso obliga a sobredimensionar infraestructuras y provoca mayores pérdidas, lo que justifica que se apliquen penalizaciones en la factura eléctrica.
La energía reactiva puede encarecer la factura cuando supera un porcentaje concreto respecto a la energía activa consumida. En ese caso, aparece un recargo adicional que incrementa el importe final.
Este sobrecoste no depende del consumo habitual, sino de la relación entre ambos tipos de energía. Por ello, una instalación eficiente en consumo puede tener una factura elevada si genera demasiada energía reactiva.
Las penalizaciones se aplican cuando la energía reactiva excede los límites fijados en la normativa. El recargo se calcula en función de los kvarh registrados y se suma directamente al coste del suministro.
En entornos empresariales o industriales, este concepto puede representar un porcentaje significativo de la factura eléctrica mensual.
Las industrias, comercios con maquinaria y edificios con sistemas de climatización intensivos son los más afectados.

En viviendas, la energía reactiva suele ser menor, pero puede aparecer en hogares con determinados electrodomésticos o sistemas antiguos.
Para muchos usuarios, la energía reactiva pasa desapercibida porque aparece como una línea más dentro del desglose de la factura. Identificarla es fundamental para entender por qué el importe puede encarecerse sin que aumente el consumo.
Normalmente figura como “energía reactiva” o “penalización por energía reactiva”, expresada en kvarh y con su correspondiente coste.
El valor indicado muestra la cantidad de energía reactiva registrada durante el periodo de facturación. Si el importe es elevado, indica que la instalación no está optimizada.

Revisar este dato permite detectar ineficiencias que no se perciben al observar solo los kWh consumidos.
La energía reactiva está vinculada principalmente a cargas inductivas. Cuantos más equipos de este tipo haya en funcionamiento, mayor será la probabilidad de que la factura se encarezca por este motivo.
Motores, ascensores, cámaras frigoríficas, equipos de aire acondicionado o maquinaria industrial son fuentes habituales de energía reactiva. Su uso continuado incrementa la presencia de este tipo de energía en la instalación.
Instalaciones antiguas o mal mantenidas tienden a generar más energía reactiva. La falta de actualización tecnológica influye directamente en el rendimiento energético y en el coste de la factura.
Reducir la energía reactiva es posible y suele traducirse en una factura más estable. Existen soluciones técnicas que permiten compensarla y mejorar la eficiencia de la instalación.
Aplicar medidas correctoras no solo evita penalizaciones, sino que optimiza el uso de la energía activa disponible.
Las baterías de condensadores son la solución más habitual para compensar la energía reactiva. Estos sistemas equilibran la instalación y reducen el flujo innecesario de energía hacia la red.
La compensación adecuada elimina recargos, reduce pérdidas y prolonga la vida útil de los equipos. A medio plazo, la inversión se amortiza gracias al ahorro en la factura eléctrica.
Entender qué es la energía reactiva y cómo puede encarecer tu factura resulta clave para una gestión energética eficiente. Aunque no se perciba en el uso diario, su impacto económico es real y medible.

Controlar la energía reactiva permite mantener la factura bajo control, mejorar la eficiencia de la instalación y evitar costes innecesarios que, acumulados en el tiempo, pueden suponer un gasto relevante tanto en hogares como en empresas.
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