Ya ha llegado la hora de saber exactamente a qué nos referimos cuando hablamos de hacer un análisis ambiental. En un mundo que cada vez piensa más en verde, conviene tener claros los conceptos con los que desenvolvernos como peces en el agua, ¡y este puede ser un buen comienzo!
Durante años no se ha tenido en cuenta para nada el medioambiente a la hora de diseñar productos o modelos de fabricación de los mismos. Por fortuna, parece que al fin hemos conseguido evolucionar. A día de hoy, un proyecto comercial que no tiene en cuenta el bienestar del ecosistema en el que convive no es un producto de calidad.
Por lo tanto, asegurar que tendrá éxito es algo complicado que ningún experto osaría afirmar. Cada vez es más común que compremos un producto u otro, por ejemplo, en función de dónde se ha fabricado. Nos preocupamos más por lo que adquirimos. Y por eso un boicot que lleve a la ruina a una empresa que no realiza un análisis ambiental no sería nada descabellado.
El análisis ambiental nos guía a la hora de desarrollar un proyecto, sobre todo en sus primeros pasos. Nos indica las posibles consecuencias ambientales de lo que tenemos pensado hacer y, en caso de que resulte perjudicial para la naturaleza, nos ayuda a encontrar soluciones antes incluso de que se presenten los primeros problemas.
Un buen análisis ambiental no es solo un informe largo y lleno de datos técnicos. Se compone de varias piezas que, encajadas, te permiten ver con claridad cómo puede afectar un proyecto al entorno y qué puedes hacer para evitarlo. Lo habitual es que incluya:
Gracias a esta estructura, no solo ves “qué puede pasar”, sino también qué decisiones deberías tomar desde el principio para reducir al máximo la huella ambiental de tu actividad.
La información que te ofrece un análisis ambiental va mucho más allá de una lista de impactos: te ayuda a priorizar, a decidir y a planificar. Por un lado, te muestra cuáles son las fases del proyecto más críticas, qué actividades generan más presión sobre el entorno y qué recursos naturales son más vulnerables. Por otro, te indica qué medidas concretas deberías aplicar para evitar, reducir o compensar esos impactos antes de que se conviertan en un problema serio.
También suele reflejar escenarios de futuro: qué ocurriría si no haces nada, qué cambia si aplicas determinadas mejoras o cómo variaría la contaminación generada según el nivel de producción o de demanda. Así puedes valorar de forma muy visual qué opción es más sostenible y coherente con tus objetivos.
Como hemos dicho, un mal análisis ambiental puede dar al traste con un proyecto millonario, así que si no queréis que sea el caso… procurad que cumpla, por lo menos, con estos puntos:
Y esto no es todo. Tras elaborar el análisis ambiental, toca implementar todas las medidas y controlar con asiduidad que están cumpliéndose a rajatabla.