El frío llega a casa y los radiadores eléctricos vuelven a ser protagonistas del salón, el dormitorio o el baño: son cómodos, fáciles de instalar y no requieren obras. Pero si alguna vez tu factura de enero se disparó, es probable que la culpa fuera de una resistencia eléctrica.
Antes de encender el primero, conviene saber cuánto consume cada equipo y qué decisiones pequeñas marcan la diferencia entre un invierno cómodo y uno caro.
El cálculo es sencillo: se multiplica la potencia en kilovatios (kW) por las horas de uso, y el resultado son los kilovatios hora (kWh) que aparecen en tu factura. Un kWh equivale al consumo de un calefactor de 1.000 W funcionando una hora completa. Para pasarlo a euros, solo hay que multiplicar los kWh por el precio de tu tarifa, con una tarifa fija, ese precio no cambia según el día ni la hora, lo que facilita calcular el gasto de antemano.
Un modelo de 2.000 W consume 2 kWh por hora. Con un precio de 0,15 €/kWh, encendido 8 horas al día supone unos 2,40 € diarios, es decir, unos 72 € al mes. Es una potencia habitual en equipos destinados a salones o estancias amplias, y también la que más pesa en la factura de las tres opciones comparadas.
El de 1.500 W consume 1,5 kWh por hora: 8 horas diarias suponen alrededor de 54 € al mes. Es una opción habitual para habitaciones medianas (15-20 m²) con un aislamiento razonable. Algunos modelos de aluminio se calientan más rápido, pero esto no significa necesariamente que sean más eficientes ni que consuman menos electricidad.
El de 1.000 W consume exactamente 1 kWh por hora, así que 8 horas diarias rondan los 36 € al mes. Es una potencia adecuada para estancias pequeñas, como un dormitorio, siempre que las características de la habitación sean adecuadas, y de las tres opciones es la que menos impacta en la factura.
El dato de potencia es solo el punto de partida; lo que determina el importe final es la combinación de varios factores:
La calefacción eléctrica puede llegar a suponer hasta el 50% del consumo invernal de un hogar, así que cualquier mejora en su gestión se nota claramente en la factura.
Un radiador con una potencia excesiva para el espacio puede provocar ciclos de encendido y apagado más frecuentes y dificultar una regulación adecuada. Como referencia orientativa, se calculan entre 50 y 100 W por metro cuadrado, según el aislamiento del inmueble y las características de la estancia.
En invierno, una temperatura de entre 19 y 21 ºC suele ser suficiente para mantener el confort en la mayoría de los hogares. Cada grado que se aumenta la temperatura incrementa el consumo energético aproximadamente un 7 %. Ajustar cada equipo según la ocupación real de cada estancia es una de las formas más eficaces de reducir el consumo.
Ventilar es necesario, pero hacerlo durante horas con el radiador encendido supone un gasto innecesario de energía. Lo razonable es abrir las ventanas durante unos 5-10 minutos, con el radiador apagado o al mínimo, y cerrarlas después para evitar pérdidas innecesarias de calor.
Un termostato programable permite adaptar el funcionamiento de la calefacción a los horarios y necesidades reales de la vivienda y puede ayudar a reducir el consumo. El ahorro depende del uso que se haga del dispositivo y de cómo se gestionara anteriormente la calefacción. No puede establecerse un porcentaje de ahorro ni un plazo de amortización universal.
Los emisores de alta inercia acumulan calor y lo liberan de forma gradual, lo que puede proporcionar una emisión más constante. Sin embargo, no consumen menos electricidad que otros radiadores eléctricos de igual potencia por el simple hecho de tener mayor inercia.
Desde el 1 de julio de 2025, el Reglamento (UE) 2024/1103 establece nuevos requisitos de diseño ecológico para diferentes tipos de calefactores locales, incluidos determinados radiadores eléctricos. Estos requisitos se aplican a los productos comercializados y puestos en servicio dentro de su ámbito de aplicación, por lo que un equipo antiguo no queda obligado automáticamente a cumplirlos por seguir instalado en una vivienda.
Muchos emisores modernos incorporan conexión wifi y pueden controlarse desde el móvil o por voz. Esto permite apagar el radiador del salón si sales antes de lo previsto o programar el del dormitorio para que se encienda antes de acostarte.
Colgar ropa húmeda o colocar muebles demasiado cerca dificulta la circulación y la difusión del calor y puede reducir el rendimiento del sistema, además de suponer un riesgo de seguridad. Mantener el espacio despejado facilita que el radiador funcione correctamente.
El precio del kWh multiplica todos los cálculos anteriores. Con una tarifa fija sabes de antemano cuánto vale cada kilovatio hora, sin depender del momento del día ni de las variaciones del mercado mayorista. Esto aporta estabilidad al precio de la electricidad, aunque una mayor utilización de la calefacción por una semana de frío intenso seguirá aumentando el consumo y, por tanto, la factura.
Calcular cuánto consume un radiador eléctrico permite entender mejor qué parte de la factura corresponde a la calefacción y tomar decisiones para reducir el gasto sin renunciar al confort. Ajustar la potencia, controlar las horas de uso, mantener una temperatura adecuada y elegir una tarifa de luz acorde con tus hábitos son pasos sencillos que pueden marcar la diferencia durante los meses más fríos. Con Yoigo Luz y Gas, puedes elegir una tarifa de electricidad adaptada a tus necesidades y tener claro cuánto pagas por cada kWh que consumes. Si quieres saber más consulta nuestra web o llámanos al 900 733 892 estaremos encantados de atenderte.