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Si alguna vez has abierto la tapa de tu caldera y te has encontrado con dos diales o una pantalla llena de números, es normal que hayas vuelto a cerrarla sin tocar nada. Uno de esos ajustes es la temperatura de impulsión, que decide a cuántos grados sale el agua hacia tus radiadores.
Entenderla y ajustarla con cabeza es una de las formas más sencillas de que la calefacción trabaje mejor sin gastar de más.
Es la temperatura del agua que sale de la caldera y viaja por las tuberías hasta los radiadores o el suelo radiante. Cuanto más alta la pones, más caliente llega el agua y más rápido se calienta la casa, pero también más gas necesita la caldera para conseguirlo.
No hay que confundirla con la temperatura que marcas en el termostato de la habitación, que solo le dice a la caldera cuándo encenderse y apagarse. Tampoco es lo mismo que la temperatura del agua caliente de grifos y ducha: son dos ajustes independientes, y en la mayoría de los paneles se distinguen con un símbolo de radiador (calefacción) y otro de grifo (agua caliente sanitaria).
Según los fabricantes, la temperatura ideal es la mínima que consigue que tu casa esté cómoda: cuanto más baja sea la impulsión, menos energía consume el equipo, siempre que no notes frío en casa.
Depende de qué tipo de calefacción tengas, porque no todos los emisores necesitan el mismo calor para funcionar bien. Como referencia orientativa:
| Tipo de calefacción | temperatura de impulsión orientativa |
|---|---|
| Suelo radiante | 35º-45ºC (sin superar los 50ºC) |
| Radiadores de baja temperatura | En torno a 45º |
| Radiadores convencionales | 55º-70ºC |
| Radiadores de alta temperatura | 70º-75ºC |
En viviendas mal aisladas o zonas muy frías puede hacer falta ir hacia la parte alta del rango, pero no conviene usar 80 ºC de forma habitual. Y si tienes una caldera de condensación, te interesa lo contrario: rinde mejor con temperaturas más bajas, porque así aprovecha mejor el calor de los humos.
El proceso cambia según el modelo, así que lo más seguro es tener a mano el manual de tu caldera. Estos son los pasos generales que valen para la mayoría:
Suele estar en la parte frontal de la caldera, a veces detrás de una tapa. Las más antiguas tienen diales giratorios con una escala de temperatura, mientras que las modernas usan pantalla digital con botones o rueda.
Busca el símbolo del radiador, que suele acompañar al dial o al menú de temperatura de calefacción. Evita tocar el símbolo del grifo, que corresponde al agua caliente sanitaria y funciona de forma independiente.
Consulta la tabla anterior y decide un punto de partida moderado. Si tienes radiadores convencionales y una vivienda con buen aislamiento, empezar en torno a 55-60 ºC suele ser un buen comienzo.
En los diales, gíralo hasta el número elegido; en pantallas digitales, usa los botones de más y menos y confirma si el modelo lo pide. Haz cambios pequeños, de cinco grados como máximo cada vez.
Espera dos o tres días antes de volver a tocar nada, para comprobar si la casa se calienta igual de bien y cuánto tarda. Si notas que cuesta llegar a la temperatura deseada, sube un poco; si va sobrada, puedes probar a bajar.
Apunta el valor y la temperatura exterior aproximada de esos días. Lo normal es necesitar más impulsión en pleno invierno y menos en otoño o primavera, así que tendrás que retocarla un par de veces al año.
El más común es dejar la impulsión al máximo todo el invierno «por si acaso». La casa se calienta rápido, pero la caldera trabaja siempre al límite y, en las de condensación, pierde la ventaja que las hace eficientes.
También es un error bajarla demasiado sin comprobar el efecto: si los radiadores apenas se calientan, la casa tardará mucho en alcanzar la temperatura y la caldera estará funcionando más horas de las necesarias. Y cuidado con el agua caliente sanitaria: no la bajes tanto que dejes de tener confort en la ducha, ni tampoco a valores muy bajos por motivos de higiene.
Por último, evita tocar parámetros internos o menús técnicos del panel que no sean el ajuste normal de temperatura: pueden alterar el funcionamiento de la caldera.
Si tu caldera tiene sonda exterior y regula la impulsión según el tiempo que hace fuera (lo que se conoce como curva de calefacción), su ajuste fino lo debería hacer un profesional. Lo mismo si después de bajar la temperatura sigues sin estar cómodo, si el panel muestra códigos de error o si no encuentras cómo modificar el valor en tu modelo.
Y recuerda que el ajuste no sustituye a la revisión periódica: una caldera bien revisada rinde mejor, y es la mejor base para que cualquier retoque en el panel tenga sentido.
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