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Con la llegada del frío toca sacar los jerséis, las chaquetas y los abrigos, y guardar los bañadores y las prendas más ligeras. El cambio de temporada es un momento para ordenar el armario, reutilizar la ropa que ya tenemos y cuidar nuestras prendas para alargar su vida útil. Además, revisar nuestros hábitos de lavado y secado puede ayudarnos a consumir energía de forma más consciente.
Además, organizar mejor las prendas y cuidar cómo las lavamos, secamos y guardamos puede ayudarnos a aprovechar los recursos de casa y evitar gastos innecesarios. ¿Por dónde empezar para preparar el armario para la nueva temporada?
Antes de empezar a guardar cajas y sacar perchas, vacía una parte del armario y revisa qué prendas tienes. Puede parecer una tarea larga, pero hacerlo con calma te permitirá saber qué utilizas, qué necesitas reparar y qué lleva demasiado tiempo ocupando espacio.
Una buena forma de empezar es separar la ropa en tres grupos: prendas de verano que vas a guardar, ropa de otoño e invierno que utilizarás durante los próximos meses y piezas que puedes seguir llevando durante todo el año. Estas últimas, como algunas camisetas básicas, camisas o pantalones, pueden quedarse en una zona accesible.
Para conseguir un armario ordenado, también puedes organizar las prendas por categorías: pantalones, camisetas, jerséis, ropa de abrigo y accesorios. Así encontrarás cada cosa con más facilidad y evitarás tener que revolverlo todo cada mañana.
Otro truco es colocar más cerca de la vista las prendas que utilizas habitualmente y reservar las zonas superiores o menos accesibles para aquello que necesitas de forma puntual. Si tienes poco espacio, las cajas, los organizadores y las bolsas de almacenaje pueden convertirse en grandes aliados.
Una vez que has decidido qué prendas no volverás a utilizar hasta la próxima primavera, llega el momento de prepararlas para el almacenamiento. No basta con doblarlas y meterlas en una caja: si quieres recuperarlas en buen estado dentro de unos meses tienes que guardarlas de forma correcta.
Lo primero es comprobar que toda la ropa está limpia y completamente seca. Guardar una prenda con restos de sudor, manchas o humedad favorece a que aparezcan malos olores y es muy probable que se deteriore el tejido con el paso del tiempo.
Después, elige el sistema de almacenaje que mejor se adapte a tu espacio:
Cajas de tela o plástico: son prácticas para guardar camisetas, pantalones cortos y otras prendas ligeras. Si utilizas recipientes de plástico, asegúrate de que la ropa esté bien seca antes de cerrarlos.
Bolsas de almacenaje: permiten reducir el volumen de algunas prendas, aunque conviene evitar comprimir durante mucho tiempo los tejidos delicados o aquellos que necesitan mantener su forma.
Fundas para prendas especiales: vestidos, camisas o chaquetas que se arrugan con facilidad pueden conservarse mejor colgados y protegidos.
Por último, elige un lugar seco, limpio y alejado de la humedad. Evita guardar la ropa directamente en el suelo o en rincones donde pueda acumularse polvo.
El cambio de armario también sirve para descubrir cuántas prendas tenemos que ya no nos ponemos. Algunas han dejado de gustarnos, otras ya no nos quedan como antes y puede que incluso encontremos ropa que ni recordábamos tener.
Antes de deshacerte de ellas, piensa si pueden tener una segunda oportunidad. No todo lo que ya no utilizas tiene que acabar en la basura. Estas son algunas alternativas:
Donar la ropa en buen estado. Asociaciones, organizaciones y puntos de recogida pueden ayudar a que otras personas aprovechen prendas que tú ya no necesitas.
Intercambiar con familiares y amigos. Una prenda que ya no encaja contigo puede convertirse en una buena incorporación al armario de otra persona.
Vender ropa de segunda mano. Las plataformas especializadas permiten dar una segunda vida a prendas que están en buenas condiciones y recuperar parte de lo que costaron.
También puedes reservar algunas piezas para transformarlas en otras cosas, como bolsas de tela o trapos para limpiar. La idea es reutilizar todo lo posible y comprar únicamente aquello que realmente necesitas. Así reduces el desperdicio y aprovechas mejor lo que ya tienes.
Cuando sacas la ropa que ha estado guardada durante meses, es posible que algunas prendas necesiten un lavado antes de volver a utilizarlas.
Por ejemplo, puedes separar la ropa por colores y tejidos, esperar a reunir una carga suficiente y elegir programas adecuados para cada tipo de prenda. Siempre que las etiquetas lo permitan, los lavados en frío o a baja temperatura pueden ser una buena alternativa para reducir la electricidad y, por ende, reducir el gasto energético.
Los programas eco también pueden ayudarte a aprovechar mejor cada ciclo. Eso sí, evita llenar el tambor en exceso, porque la ropa necesita espacio para moverse y lavarse correctamente.
Con el otoño y el invierno también cambian las condiciones para tender la ropa. Hay menos horas de sol, las temperaturas bajan y las lluvias pueden complicar el secado al aire libre. Por eso, es habitual recurrir más al tendedero interior o a la secadora.
Si tiendes dentro de casa, utiliza una habitación con espacio suficiente y posibilidad de ventilación. Deja separación entre las prendas para que circule el aire y evita colocar el tendedero en zonas donde se acumule humedad, como el baño.
No toda la ropa necesita pasar por la lavadora después de cada uso. Algunas prendas pueden airearse antes de volver a guardarse, siempre que no estén sucias ni tengan manchas u olores.
Por ejemplo, los jerséis de lana, las chaquetas y determinadas prendas de tejidos naturales pueden conservarse en buen estado si se ventilan correctamente y se siguen las indicaciones de sus etiquetas. Esto no significa que debas dejar de lavar la ropa cuando lo necesita, sino evitar ciclos innecesarios.
Además, elegir prendas resistentes y fáciles de mantener puede ayudarte a simplificar las tareas domésticas. En este sentido, te recomendamos descubrir nuestra guía sobre moda sostenible y tejidos que necesitan menos lavados.
Alargar la vida útil de la ropa no solo permite aprovechar mejor cada compra: también reduce el número de coladas y, con ellas, el consumo de agua y electricidad.
El cambio de armario suele coincidir con otros preparativos para los meses fríos. Empiezan a utilizarse más la calefacción, la iluminación y algunos electrodomésticos, por lo que es un buen momento para revisar los hábitos de consumo de casa.
Aprovechar la luz natural durante el día, ajustar la calefacción a las necesidades de cada estancia y evitar dejar aparatos encendidos cuando no se utilizan son gestos sencillos que pueden marcar la diferencia. Si quieres más ideas, en Yoigo LUZ y GAS te contamos cómo ahorrar en invierno con la luz y la electricidad.
Un armario organizado también puede ayudarte a cuidar mejor tu hogar y consumir energía de forma más consciente. Si quieres revisar tu tarifa de luz y gas para encontrar una opción que encaje con tus necesidades, visita nuestra web o llama al 900 733 892. ¡Te ayudaremos a encontrar la combinación que mejor se adapte a tu casa!