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Llega el frío, se enciende la calefacción y, casi sin pensarlo, colocamos ese mueble delante del radiador "para que no se vea tanto" o tendemos ropa encima porque "así se seca antes". Dos hábitos muy extendidos que, en realidad, tienen un coste energético real. ¿Es un mito que cubrir radiadores hacen que consuman más?
¿Es entonces un mito o una realidad que cubrir los radiadores dispara el consumo? La respuesta corta es: realidad. Pero, como casi todo en casa, los matices importan.
Para entender por qué cubrirlos es un problema, conviene saber primero cómo trabajan. Los radiadores tradicionales calientan principalmente por convección: entregan parte de la energía calorífica del agua que circula por su interior al aire de la estancia, aumentando así su temperatura.
Esto significa que el calor que generan se desplaza de abajo hacia arriba de forma natural, sin necesidad de ventiladores ni otros mecanismos mecánicos, por lo que necesitan espacio libre a su alrededor para que el aire pueda circular sin obstáculos.
Cuando ese camino queda bloqueado el ciclo se interrumpe. Si el elemento más cercano al radiador es un mueble, este absorbe el calor impidiendo que se distribuya correctamente por toda la habitación, de modo que el calefactor tiene que emplear más tiempo y energía para alcanzar la temperatura deseada.
Aquí es donde el mito se convierte en número concreto. Si cubrimos el radiador con un mueble decorativo o un cubrerradiador, el rendimiento de su trabajo se reducirá un 10 % y necesitará más tiempo y energía consumida para calentar la misma habitación.
Algunas estimaciones van incluso más lejos: bloquear la circulación del aire caliente puede hacer que se pierda hasta un 20 % del calor generado, con el consecuente aumento del consumo de energía.
Una pérdida del 10 al 20 % puede parecer poco sobre el papel, pero traducida a una temporada de calefacción completa, y multiplicada por todos los radiadores de la vivienda, puede acabar reflejándose en una factura más alta de lo esperado.
La calefacción representa entre el 60 % y el 75 % del consumo total anual en zonas frías o templadas. Que una parte de esa energía se "desperdicie" calentando la parte trasera de un mueble en lugar de la habitación es, sin duda, algo que vale la pena evitar.
No todos los casos son iguales, pero hay algunos patrones que se repiten:
Uno de los más frecuentes. Se coloca una librería, un aparador o una consola justo encima o delante del radiador para aprovechar el espacio. El resultado es que el mueble actúa como pantalla que retiene el calor antes de que llegue al centro de la habitación.
Los cubrerradiadores más ligeros son los que menos entorpecen la emisión de calor, pero aun así puede haber una reducción de entre el 3 y el 5 % del calor emitido. Con estructuras más cerradas o de madera maciza, la pérdida escala rápidamente.
Otro clásico. Las cortinas que llegan al suelo y caen por delante del radiador funcionan como barrera similar a un mueble.
Tapar los radiadores con muebles o cortinas no es nada aconsejable porque incrementa el consumo de energía y dificulta la transmisión del calor en la vivienda. Si el estilo decorativo exige cortinas largas, la solución más sencilla es atarlas a los lados cuando la calefacción esté en marcha.
Secar ropa sobre el radiador parece un truco sin coste, pero tiene dos contrapartidas. Por un lado, el tejido absorbe el calor y reduce la convección. Por otro, aumenta la humedad ambiental, lo que puede generar condensación en paredes y ventanas si la ventilación no es suficiente.
Tampoco es la opción más segura: el contacto prolongado con superficies calientes puede dañar ciertas prendas.
La buena noticia es que decorar y mantener la eficiencia no son objetivos incompatibles, siempre que se sigan algunas pautas básicas.
A la hora de colocar un cubrerradiador, es importante dejar una distancia mínima de 5 cm entre el mueble y el calefactor para garantizar la correcta ventilación, y elegir modelos que tengan huecos amplios por los que pueda salir el aire caliente, como rejillas o puertas abatibles.
Otra medida que se compensa muy bien con cualquier tipo de cubrerradiador es instalar un panel reflectante entre el radiador y la pared. Estos paneles son muy efectivos a la hora de "rebotar" el calor hacia la habitación y se encuentran fácilmente en tiendas de bricolaje. Su colocación es sencilla y no requiere obra.
Igualmente, los cubrerradiadores de madera tratada o metal perforado son los materiales más recomendables, ya que resisten el calor y permiten el paso del aire. Evita los de madera sin tratar, los de plástico grueso o cualquier diseño totalmente cerrado que no tenga salida de aire ni por la parte superior ni por la frontal.
Por otro lado, cubrir el radiador también dificulta el acceso a sus llaves para realizar tareas de limpieza y mantenimiento, como el purgado.
Un radiador con aire atrapado en el interior calienta de forma irregular y necesita más tiempo funcionando para alcanzar la temperatura que le pides, lo cual también impacta en el consumo. Por eso, cualquier estructura que lo cubra debería ser fácilmente desmontable o tener acceso visible a las llaves.
Si finalmente optas por colocar algún tipo de cubrerradiador, la gestión de la temperatura gana aún más importancia.
El uso de termostatos y programadores permite regular la temperatura y el tiempo de funcionamiento, evitando que el radiador funcione más de lo estrictamente necesario. Con un termostato bien calibrado, el sistema se apagará en cuanto la habitación alcance la temperatura programada, independientemente del tiempo que tarde en conseguirlo.
Además, cada grado extra puede aumentar el consumo un 7 %, así que subir el termostato para compensar la pérdida de rendimiento de un cubrerradiador mal diseñado es exactamente lo contrario de lo que conviene hacer. La solución está en mejorar la ventilación del propio cubrerradiador, no en exigirle más al sistema.
En Yoigo LUZ y GAS trabajamos para garantizar un futuro energético más sostenible. Si quieres saber más, visita nuestra web o llámanos al 900 733 888.