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¿Tu caldera ha empezado a hacer ruidos que antes no hacía? Es posible que te hayas preguntado si, además de molestos, pueden estar haciendo que estés gastando más gas. Pero, ¿es realmente así o se trata de un mito? Descubre qué hay de realidad detrás de esta creencia y qué pueden significar los diferentes sonidos de tu caldera.
Una caldera puede hacer algún ruido durante su funcionamiento pero, ¿qué pasa cuando empieza a sonar más de lo habitual? El tipo de sonido, cuándo aparece y cómo funciona la caldera pueden darnos pistas sobre lo que está ocurriendo y si deberíamos prestar más atención.
Que una caldera haga ruido no significa automáticamente que esté consumiendo más gas. Algunos sonidos forman parte de su funcionamiento habitual, especialmente cuando el equipo se pone en marcha o el agua circula por el circuito. La situación cambia cuando aparece un ruido que antes no estaba, aumenta de intensidad o se mantiene durante más tiempo de lo normal.
En estos casos, el sonido puede ser una pista de que algo está afectando al funcionamiento de la caldera. Por ejemplo, determinados problemas pueden dificultar que el agua se caliente o circule correctamente y hacer que el equipo tenga que trabajar durante más tiempo para alcanzar la temperatura deseada. Dependiendo de la causa, esto sí puede acabar aumentando el consumo de gas.
Por tanto, el ruido no es lo que hace que una caldera consuma más gas. Lo que puede incrementar el consumo es el problema que hay detrás de ese ruido. Para saber si es algo que requiere atención, es útil fijarse en cómo suena y en qué momento aparece.
Los gorgoteos, burbujeos o sonidos parecidos a agua circulando suelen estar relacionados con la presencia de aire en el circuito de calefacción. Cuando hay aire acumulado, el agua no circula de manera uniforme y pueden aparecer estos sonidos, especialmente al encender la calefacción.
También puede ser por la acumulación de cal en el intercambiador, una pieza encargada de transferir el calor al agua. Por eso, hay veces que el calentamiento del agua produce ruidos.
Un silbido puede aparecer cuando el agua o el gas pasan por algún punto de la instalación con una presión inadecuada. También puede estar relacionado con suciedad o depósitos en componentes por los que circula el agua.
No es lo mismo que se escuche únicamente durante unos segundos al arrancar que hacerlo de forma continua mientras la caldera está funcionando. Si el silbido es nuevo o cada vez se escucha más, es recomendable que un profesional compruebe la caldera.
Los golpes o chasquidos pueden tener un origen diferente. Cuando las tuberías se calientan, por ejemplo, los materiales se dilatan y pueden producir pequeños sonidos al moverse o entrar en contacto con otros elementos.
Sin embargo, unos golpes fuertes o repetitivos también pueden estar relacionados con aire en el circuito, una presión inadecuada o problemas en algún componente. Por eso, es importante fijarse en si aparecen al encender la calefacción, mientras está funcionando o cuando se apaga.
Un zumbido suele proceder de alguno de los elementos que funcionan mientras la caldera está encendida, como la bomba de circulación o el ventilador. Es normal que estos componentes produzcan cierto sonido, pero un cambio respecto a su funcionamiento habitual puede indicar que necesitan atención.
Si el zumbido es especialmente intenso, aparece acompañado de vibraciones o se escucha incluso cuando la caldera no debería estar trabajando, evita manipular la bomba, el ventilador u otras piezas internas por tu cuenta, convendría que un profesional hiciera una revisión para ver si necesita mantenimiento.
Una caldera está diseñada para utilizar el gas necesario para calentar el agua y mantener la temperatura que has seleccionado. Cuando alguno de sus componentes no funciona correctamente, este proceso se vuelve menos eficiente. El equipo puede necesitar más tiempo de funcionamiento o realizar más ciclos de encendido para conseguir el mismo resultado, lo que puede terminar aumentando el consumo.
Por ejemplo, si la caldera tiene dificultades para transferir el calor al agua, puede tardar más en alcanzar la temperatura deseada. Algo parecido puede ocurrir si el agua no circula correctamente por el circuito: la instalación necesita seguir funcionando para conseguir que el calor llegue dónde corresponde.
Por eso, una avería no implica necesariamente que el consumo vaya a aumentar. Depende de qué componente esté afectado y de cómo influya en el funcionamiento de la caldera. Detectar un comportamiento diferente, como ruidos nuevos, cambios en la temperatura del agua o un funcionamiento más prolongado de lo habitual, puede ayudar a identificar que existe algún problema antes de que termine afectando al rendimiento del equipo.
En resumen, decir que una caldera que hace ruido consume más gas es una verdad a medias. El ruido por sí solo no aumenta el consumo, pero puede ser una señal de que existe un problema que está haciendo que la caldera funcione con menor eficiencia. Por eso, si aparece un sonido nuevo, se vuelve más intenso o viene acompañado de otros cambios en su funcionamiento, lo mejor es no ignorarlo y comprobar cuál es su causa.
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