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En verano, la ropa suele llegar a la lavadora con una combinación difícil: sudor, restos de protección solar y manchas de comida en tejidos que apenas hemos utilizado durante unas horas. Por eso, muchas personas se preguntan cuándo lavar la ropa con agua caliente, cuándo merece la pena hacerlo en frío y cuánto se puede ahorrar al elegir la temperatura adecuada de la lavadora. ¿Realmente hace falta utilizar agua caliente para conseguir una limpieza eficaz?
Depende del tipo de colada. Gran parte de la ropa de diario puede lavarse a 20 o 30°C sin perder eficacia, siempre que elijamos bien el programa y el detergente. Además, bajar la temperatura permite gastar menos energía y ayuda a mantener los colores y las fibras en mejores condiciones.
Cuando hablamos de hacer la colada en frío, podemos referirnos a varias opciones. Algunas lavadoras tienen ciclos específicos a 20 o 30°C, mientras que otras permiten utilizar el agua directamente de la red, sin calentarla.
La diferencia es importante porque el agua que entra en la lavadora no tiene la misma temperatura durante todo el año. En verano suele llegar menos fría que en invierno, así que un programa sin calentamiento puede funcionar mejor de lo que imaginamos.
En cualquier caso, merece la pena consultar el manual para saber exactamente cómo funciona esta opción en cada lavadora.
Los detergentes actuales suelen incluir enzimas que actúan incluso a temperaturas bajas. Según el American Cleaning Institute el resultado también depende de factores como el tamaño de la carga, la cantidad de detergente y el tipo de mancha.
El lavado en frío es una buena opción para camisetas, vestidos, pantalones, pijamas y otras prendas que hemos utilizado durante poco tiempo. También puede funcionar con ropa deportiva y tejidos sintéticos, siempre que la etiqueta lo permita y no tengan olores difíciles de eliminar.
Las prendas oscuras, estampadas o con elastano agradecen, especialmente, las temperaturas bajas. El calor puede hacer que pierdan color más rápido y afectar a la forma o la elasticidad de algunos tejidos. Además, lavar a 30°C ayuda a reducir el riesgo de que la ropa encoja o se deteriore antes de tiempo.
Un estudio de la Universidad de Leeds comparó un ciclo de 30 minutos a 25°C con otro de 85 minutos a 40°C. El lavado más frío y corto produjo menos pérdida de color, redujo la transferencia de tintes entre prendas y liberó menos microfibras. En concreto, este proceso redujo hasta un 52% la liberación de microfibras y hasta un 74% la de tintes.
Los resultados muestran que elegir una temperatura más baja y un programa más corto puede ayudar a que la ropa se conserve mejor durante más tiempo.
Lavar en frío funciona para muchas prendas, pero no para todas. Las toallas, las sábanas, los paños de cocina y otros textiles que necesitan una limpieza más profunda pueden requerir programas de 40 o 60°C.
Antes de elegir con qué nivel de calor hacer la colada, revisa siempre la etiqueta para asegurarte de que el tejido aguanta ese ciclo.
También puede hacer falta un poco más de calor cuando la ropa tiene manchas difíciles de grasa, aceite o protección solar. En estos casos, lo mejor es tratar primero la mancha con un producto adecuado y probar con 30 o 40°C antes de pasar directamente a algo más caliente.
La ropa que ha utilizado una persona enferma, las prendas muy sucias y algunos textiles de bebés o personas que requieren cuidados especiales de higiene tampoco deberían lavarse siempre en frío.
En esa última situación, conviene tener en cuenta el tipo de tejido, el nivel de suciedad y las recomendaciones de higiene para cada circunstancia.
¿Sueles lavar casi todo a baja temperatura? Entonces, recuerda activar de vez en cuando el programa de limpieza del tambor que indique el fabricante. Así evitarás que se acumulen restos de detergente, grasa y humedad que pueden terminar provocando malos olores.
Buena parte de la energía que utiliza la lavadora se destina a calentar el agua. Se calcula que, en determinados lavados, el proceso puede representar alrededor del 90% del consumo. La cifra exacta cambia según la máquina, el programa, la carga y la temperatura que elijas.
Según se ha estudiado por expertos, lavar a 20°C en lugar de hacerlo a 40°C puede reducir aproximadamente un 66% la energía utilizada en cada colada.
Pasar ese porcentaje a euros depende del consumo de tu lavadora y del precio de la electricidad. Pongamos un ejemplo: si un ciclo a 40°C consume 0,80 kWh, reducir el consumo por la mitad permitiría ahorrar alrededor de 0,53 kWh por lavado.
Si pones tres lavadoras a la semana durante las trece semanas del verano, ahorrarías unos 20,7 kWh, lo que serían 4,14 euros aproximados durante la temporada, como mínimo. Si mantuvieras el hábito todo el año, el ahorro rondaría los 16,50 euros.
Aunque las cifras orientativas, ya que el resultado dependerá de tu electrodoméstico, tu tarifa y los programas que utilices, ¡nunca está de más conocer estrategias para ahorrar unos cuantos euros!
Antes de poner la lavadora, revisa las etiquetas y separa la ropa por colores, tejidos y nivel de suciedad. Una camiseta que has utilizado durante unas horas no necesita la misma configuración que unas toallas húmedas, un paño con grasa o una prenda con manchas difíciles.
Elige un detergente que funcione a bajas temperaturas y utiliza la cantidad recomendada. Echar más producto no hará que la ropa quede más limpia y puede dejar restos tanto en las prendas como en la lavadora.
Tampoco llenes el tambor hasta arriba: la colada necesita espacio para moverse y mezclarse bien con el agua y el detergente.
El verano también facilita ahorrar durante el secado. Siempre que puedas, tiende la ropa en un espacio ventilado y evita utilizar la secadora. Si se trata de prendas oscuras o de colores intensos, déjalas secar a la sombra para que el sol no acelere la pérdida de color.
En definitiva, lavar en frío merece la pena cuando eliges bien las prendas. Combinar temperaturas bajas, cargas completas, la cantidad adecuada de detergente y el secado al aire ayuda a reducir el consumo sin renunciar a una colada limpia y cuidada.
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