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En las ciudades, el calor del verano se nota más. El asfalto, el hormigón y las cubiertas tradicionales absorben radiación durante horas y la liberan lentamente, incluso cuando ya ha bajado el sol. Por eso, los tejados verdes se han convertido en una solución urbana cada vez más interesante. No solo mejoran la estética de los edificios, también pueden ayudar a aislar el interior del sol y a reducir la temperatura general del entorno. Desde Yoigo, te contamos todo lo que hay que saber sobre estos tejados verdes.
No solo mejoran la estética de los edificios, también pueden ayudar a aislarlos del sol y a reducir la temperatura en entornos urbanos. Desde Yoigo LUZ y GAS, te contamos todo lo que hay que saber sobre estos tejados verdes.
Un tejado verde, también llamado cubierta vegetal, es una superficie de un edificio preparada para alojar vegetación.
Este tipo de cubierta incluye varias capas: impermeabilización, drenaje, sustrato y plantas. Cada una cumple una función para proteger el edificio y permitir que la vegetación crezca de forma segura.
Los tejados verdes pueden instalarse en viviendas, edificios públicos, oficinas, hoteles, centros comerciales o comunidades de vecinos. Su diseño dependerá del peso que soporte la estructura, del clima y del mantenimiento previsto.
Un tejado convencional recibe sol directo durante muchas horas en verano. Esa radiación calienta la cubierta y parte de ese calor puede pasar al interior del edificio.
En cambio, un tejado verde actúa como una barrera natural. Las plantas proporcionan sombra, el sustrato añade una capa aislante y la humedad retenida contribuye a moderar la temperatura.
Esto no significa sustituya por completo al aislamiento térmico tradicional. Pero sí puede complementarlo y reducir la entrada de calor desde la cubierta. Además, la vegetación no se comporta como una superficie dura. A través de la evapotranspiración, las plantas liberan humedad y ayudan a refrescar el ambiente próximo.
Por eso, los tejados verdes son especialmente útiles en edificios expuestos al sol directo y en zonas urbanas con poca sombra.
El efecto isla de calor aparece cuando una ciudad registra temperaturas más altas que su entorno rural. Esto sucede porque los materiales urbanos absorben mucho calor y hay menos vegetación que en áreas naturales.
Los tejados verdes ayudan a combatir este fenómeno porque sustituyen superficies duras por vegetación.
En una ciudad con muchos edificios, cada cubierta vegetal puede parecer pequeña. Sin embargo, cuando se multiplican, el impacto puede ser mayor.
No se trata solo de refrescar una azotea. Se trata de añadir superficies vivas en lugares donde antes solo había materiales que acumulaban calor.
Por eso, muchas estrategias urbanas de adaptación al cambio climático incluyen soluciones basadas en la naturaleza, como árboles, jardines de lluvia, fachadas vegetales y cubiertas verdes.
No todos los tejados verdes son iguales. De forma general, se suelen dividir en extensivos e intensivos.
Son una buena opción cuando se busca mejorar el aislamiento, reducir calor y ganar superficie vegetal sin crear un jardín de uso frecuente.
A cambio, necesitan más estructura, más riego, más mantenimiento y una planificación técnica más exigente.
Entre ambos modelos hay soluciones intermedias. La elección dependerá del edificio, del presupuesto y del uso que se quiera dar a la cubierta.
Los tejados verdes no solo aportan ventajas al propietario del edificio. También pueden mejorar el entorno urbano.
En una ciudad cada vez más cálida, sumar vegetación en altura es una forma de recuperar espacio natural donde parecía no haberlo.
No todos los edificios pueden instalar un tejado verde sin una revisión previa. El primer paso debe ser comprobar la capacidad estructural de la cubierta.
El peso del sistema depende del tipo de tejado verde, del sustrato, del agua retenida y de la vegetación. Por eso, es imprescindible contar con técnicos especializados.
También hay que revisar la impermeabilización. Una cubierta vegetal mal diseñada puede causar filtraciones, pero una instalación correcta debe incluir capas de protección y drenaje.
La inclinación del tejado también importa. Las cubiertas planas suelen ser más sencillas, aunque existen soluciones para tejados inclinados.
Otro factor es el acceso. Si el mantenimiento resulta difícil o inseguro, habrá que optar por sistemas de bajo mantenimiento o descartar ciertas especies.
Antes de tomar una decisión, conviene estudiar el clima local, la exposición solar, el viento y la disponibilidad de agua.
Un tejado verde requiere mantenimiento. Aunque algunos sistemas requieren poca atención, siempre necesitan revisiones.
El mantenimiento básico incluye comprobar el drenaje, retirar plantas no deseadas, revisar el estado de la vegetación y controlar posibles obstrucciones.
En climas secos, puede ser necesario riego, sobre todo durante el primer año o en periodos de calor extremo. Elegir especies adaptadas reduce mucho esta necesidad.
También conviene revisar la cubierta después de lluvias fuertes o episodios de viento. Así se detectan problemas antes de que se conviertan en averías.
En tejados verdes intensivos, el mantenimiento se parece más al de un jardín. Hay podas, abonado, riego y cuidado de especies más exigentes.
Por eso, antes de instalar uno, es importante pensar no solo en la obra inicial, sino también en el cuidado a largo plazo.
Sí, en muchos casos pueden ser compatibles. De hecho, combinar vegetación y energía solar puede ser una solución muy interesante.
Las placas solares generan electricidad, mientras que la cubierta vegetal ayuda a reducir la temperatura de la superficie. En determinadas condiciones, un entorno menos sobrecalentado puede favorecer el funcionamiento de los paneles.
Eso sí, el diseño debe estar bien planificado. Hay que evitar sombras sobre los paneles, permitir el acceso para mantenimiento y elegir plantas de altura controlada.
También debe considerarse el peso total del sistema. Paneles, soportes, sustrato, agua y vegetación suman carga sobre la cubierta.
Cuando se diseña correctamente, la combinación puede convertir un tejado en una superficie mucho más útil: produce energía, reduce calor y aporta vegetación.
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