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Reciclar aguas grises y aprender cómo reutilizar el agua de tu ducha es una de las formas más accesibles de reducir el consumo doméstico sin meternos en grandes reformas estructurales.
Este tipo de agua, procedente de duchas, lavabos o lavadoras, no está completamente limpia, pero tampoco contiene residuos peligrosos. Esto nos permite darle una segunda vida en diferentes tareas del hogar, aliviando tanto el bolsillo como el medio ambiente.
Las aguas grises son aquellas que provienen de usos cotidianos como ducharse o lavarse las manos. A diferencia de las aguas negras (las del inodoro), no contienen desechos orgánicos peligrosos, lo que facilita enormemente su filtrado y reutilización.
Aprovechar este recurso tiene un impacto directo en el ahorro de agua potable, algo vital hoy en día. Además, presenta otras ventajas:
Antes de elegir un método, conviene saber exactamente en qué tareas podemos aprovechar este recurso. No todos los usos son aptos, pero sí cubre un abanico importante de necesidades del hogar.
Bajo ningún concepto debe utilizarse el agua reciclada para el consumo humano ni para cocinar. Tampoco se recomienda meterla en electrodomésticos como la lavadora o el lavavajillas sin un tratamiento industrial previo, ya que los restos de grasa o vello podrían estropear los circuitos internos.
Dependiendo de tu presupuesto y del espacio disponible puedes optar por soluciones inmediatas o por instalaciones automáticas.
La forma más sencilla no cuesta un céntimo. Consiste en meter un cubo en la ducha para recoger el agua fría mientras esperas a que salga caliente. Esa agua está completamente limpia y es ideal para regar o fregar.
También puedes dejar el cubo mientras te bañas para capturar el agua jabonosa y echarla manualmente al váter.
Para quienes buscan comodidad, existen equipos compactos de reciclaje. Estos sistemas recogen, filtran químicamente y almacenan el agua de forma automática.
¿Cómo funcionan? Incluyen filtros que eliminan cabellos y restos de jabón, además de aplicar un ligero tratamiento antibacteriano. Visualmente, el agua se redirige de forma directa a un circuito cerrado que alimenta las cisternas de la casa o el sistema de riego por goteo.
Antes de apostar por un sistema avanzado, es fundamental echar un vistazo a la normativa local. La regulación varía según el municipio, pero en general busca garantizar la salud pública.
Un sistema mal diseñado o un almacenamiento prolongado de aguas grises puede provocar la proliferación de bacterias y malos olores. Por ello, la normativa suele exigir que el agua no se quede estancada más de la cuenta.
Más allá del evidente ahorro económico, reciclar el agua de la ducha transforma nuestra relación con el consumo, nos ayuda a tomar conciencia de los recursos que desperdiciamos en el día a día.
En regiones propensas a las restricciones de agua o crisis hídricas, contar con una fuente secundaria de agua para el inodoro o el jardín puede suponer una diferencia crucial para mantener cierta normalidad en el hogar.
Para ser realistas, este hábito también tiene sus normas:
Reciclar aguas grises en casa no es una moda pasajera, sino una evolución lógica hacia hogares más eficientes. No hace falta gastarse una fortuna para empezar; el simple gesto de recuperar el agua fría de la ducha con un cubo ya es un excelente punto de partida.
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