Ahorrar en calefacción no es solo controlar los radiadores, mejorar el aislamiento o preocuparse de cómo utilizamos el termostato. Es imposible recortar el gasto si antes no hemos elegido correctamente el modelo de caldera.
No nos referimos a escoger entre un sistema u otro, sino a seleccionar la mejor herramienta de acuerdo a su etiqueta de eficiencia energética, y por su puesto, su precio de instalación. ¿No lo estabas teniendo en cuenta?
Este es el primer paso que uno debe seguir para iniciarse en la senda de la eficiencia, y, de hecho, suele ser el más caro de todos. Es así porque dependemos de una empresa especializada que aplica los precios que considera apropiados para su mercado.
Vamos, la caldera no vas a poder instalarla por tu propia cuenta. Si ya tienes decidido que quieres gas, has calculado los metros cuadrados para dar con la potencia necesaria y tienes claro cuántas personas van a consumir, entonces es el momento.
Vamos a repasar todos los aspectos más importantes a valorar antes de instalar una caldera de gas. O lo que es lo mismo, hablar del dinero que te va a costar y el tiempo que vas a necesitar para amortizarla (si eso es en lo que estás pensando).
Cambiar la caldera genera muchas dudas antes de dar el primer paso: qué tramitar, qué equipo comprar y cuánto va a costar. Instalar una caldera de gas no es solo colocar un aparato en la pared: hay que cumplir la normativa vigente y, en general, contar con un instalador habilitado para realizar las operaciones sobre la instalación de gas.
El primer paso no tiene por qué ser comprar la caldera, sino contactar con una empresa instaladora habilitada que evalúe la vivienda, compruebe la instalación existente, dimensione el equipo y te asesore sobre la documentación y los trámites que correspondan en tu comunidad autónoma. Si la vivienda no dispone de una instalación de gas o es necesario realizar una nueva acometida, habrá que gestionar previamente su ejecución con la distribuidora correspondiente.
La documentación técnica depende de la potencia de la instalación. Según el RITE, cuando la potencia térmica nominal de generación de calor es superior a 70 kW se requiere un proyecto; entre 5 y 70 kW, ambos incluidos, el proyecto puede sustituirse por una memoria técnica. Para instalaciones de menos de 5 kW, el RITE no exige esta documentación técnica para acreditar el cumplimiento reglamentario, aunque pueden ser necesarios otros documentos y requisitos según la instalación. En el ámbito doméstico, las calderas suelen encontrarse muy por debajo de los 70 kW.
Una vez terminados los trabajos, el instalador debe realizar las comprobaciones y emitir los certificados que correspondan a la instalación. En una instalación receptora de gas, el certificado de instalación es uno de los documentos previstos por la normativa para la puesta en servicio. Si se ha realizado una nueva instalación o una modificación que afecte al suministro, también pueden ser necesarios trámites adicionales con la distribuidora.
La ubicación de una caldera de gas no es completamente libre: debe cumplir los requisitos de seguridad, ventilación y evacuación de los productos de la combustión establecidos por la normativa. Entre los emplazamientos habituales están la cocina, la galería o lavadero, el tendedero, determinadas terrazas o balcones y los armarios destinados a alojar estos equipos.
La instalación debe ajustarse al RITE, al Reglamento técnico de distribución y utilización de combustibles gaseosos y a la norma UNE 60670, que establece los requisitos de configuración, ventilación y evacuación de los productos de la combustión.
Las calderas estancas, clasificadas como aparatos de tipo C, ofrecen más posibilidades de ubicación que los aparatos de circuito abierto. Pueden instalarse en distintos tipos de locales, incluidos baños y dormitorios, siempre que se cumplan las condiciones de seguridad aplicables al recinto y a la instalación. En cualquier caso, el aparato debe disponer de un sistema adecuado para evacuar los productos de la combustión.
Si buscas ganar espacio en la cocina, una alternativa puede ser colocar la caldera en una terraza, galería o zona exterior que reúna las condiciones exigidas. Las calderas estancas toman del exterior el aire necesario para la combustión, pero eso no significa que puedan instalarse en cualquier punto de una fachada o terraza: hay que comprobar las condiciones de ubicación y evacuación y, cuando corresponda, la normativa autonómica o municipal y las reglas de la comunidad de propietarios.
En cuanto a los espacios interiores, no existe una regla general que obligue a que un cuarto o armario para una caldera doméstica tenga 4 m², 2,5 m de altura y una puerta de 80 cm. Los requisitos concretos de espacio y accesibilidad dependen del tipo y potencia de la instalación, del lugar de emplazamiento y de las instrucciones del fabricante. La altura mínima de 2,50 m que establece el RITE se refiere a las salas de máquinas.
El precio de instalar o cambiar una caldera de gas depende de factores como la potencia y el modelo elegido, la mano de obra y la complejidad de la instalación. También puede aumentar si es necesario modificar la salida de humos, adaptar las conexiones hidráulicas o instalar un nuevo desagüe para los condensados.
Como referencia, cambiar una caldera de gas en una vivienda suele costar alrededor de 1.500-2.500 € con el equipo y la instalación incluidos, aunque el presupuesto puede superar los 3.000 € cuando son necesarias obras o adaptaciones. La mano de obra, sin incluir la caldera, suele situarse aproximadamente entre 200 y 770 €, con una media cercana a los 500 €.
Entre los posibles costes adicionales están el kit o adaptación de la evacuación de humos, el desagüe de condensados, un termostato modulante, las modificaciones de las conexiones existentes o determinados trabajos de puesta en marcha y legalización. Por ejemplo, algunas referencias sitúan el kit de evacuación en torno a 80-200 €, el desagüe de condensados en unos 80-150 € y un termostato modulante entre 60 y 200 €, aunque el importe final depende de la instalación y del material elegido.
Antes de aceptar un presupuesto, comprueba exactamente qué incluye: caldera, mano de obra, retirada del equipo antiguo, materiales, evacuación de humos, desagüe de condensados, puesta en marcha y documentación. El precio anunciado para consumidores debe indicar el importe final con los impuestos incluidos.
Las calderas de condensación son el estándar en las instalaciones nuevas: aprovechan el calor latente del vapor de agua de los gases de combustión para mejorar la eficiencia y reducir el consumo de gas frente a las calderas convencionales. En España, una caldera de 24-30 kW puede costar aproximadamente entre 1.400 y 2.300 € según la marca y las prestaciones, aunque los modelos de gama alta pueden superar los 2.000 €.
La potencia necesaria depende de las características de la
vivienda y, en el caso de las calderas mixtas, también de la demanda de agua
caliente sanitaria. Como orientación, los modelos de 24-25 kW son habituales en viviendas pequeñas o medianas, mientras que potencias de 28-35 kW pueden ser adecuadas cuando la demanda de agua caliente es mayor. No obstante, los metros cuadrados por sí solos no determinan la potencia necesaria.
En conjunto, sustituir una caldera por una de condensación suele situarse aproximadamente entre 1.200 y 3.000 € con equipo e instalación incluidos, aunque el coste puede aumentar si hay que adaptar la salida de humos o realizar otras modificaciones.
Un detalle que no conviene olvidar: estas calderas necesitan una evacuación de los productos de la combustión conforme a la normativa y un sistema para evacuar el agua de condensación.
Las calderas de gas en España se regulan principalmente por el RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios) y por el Reglamento técnico de distribución y utilización de combustibles gaseosos, además de la normativa europea aplicable a estos equipos. Estas normas establecen requisitos de seguridad, eficiencia, instalación y mantenimiento.
No existe una prohibición general de las calderas de gas: pueden utilizarse si cumplen la normativa y se mantienen correctamente. Sin embargo, el RITE prohíbe la instalación de nuevas calderas de tipo atmosférico, por lo que las nuevas instalaciones y las sustituciones deben utilizar equipos que cumplan los requisitos de eficiencia y seguridad vigentes.
El RITE establece un mantenimiento preventivo cada dos años para las calderas murales de gas de hasta 70 kW instaladas en viviendas. El incumplimiento de las obligaciones reglamentarias puede dar lugar a responsabilidades y sanciones, además de afectar a la seguridad de la instalación.
También pueden existir programas de ayudas para la sustitución de calderas, como los planes Renove, cuya disponibilidad y condiciones dependen de la comunidad autónoma y de cada convocatoria.
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