Probablemente ya lo hayas utilizado en alguna ocasión sin ni siquiera saber que se trataba de él. Hablamos del Interruptor General o IGA, uno de los componentes más importantes y conocidos del cuadro eléctrico de todos los hogares.
Este, es junto al ICP o interruptor de control de potencia y el PCS o protector contra sobretensiones, uno de los elementos más útiles en el día a día. Por no decir el que más. ¿Sabes identificarlo?
La respuesta será con casi toda seguridad afirmativa, pero lo que no es tan habitual es conocer cómo funciona dicho interruptor ni qué precauciones hay que tomar a la hora de manejarlo. Sí, hay que seguir cierto protocolo.
Así que si no sabes de que te estamos hablando, o simplemente quieres conocer mejor cómo funciona la instalación eléctrica de casa, sigue leyendo.
El IGA es el interruptor al que acudimos para cortar la corriente general en caso de avería, o al que asistimos para levantar cuando ha saltado la luz. Es un componente de protección frente a posibles cortocircuitos y sobrecargas del sistema eléctrico.
Cuando se produce algo así, el IGA corta automáticamente la corriente evitando así que se produzcan accidentes. Cuando te quedas a oscuras en casa, no es por error ni capricho de la distribuidora, sino porque es la forma más segura de afrontar el incidente de turno.
¿Tengo yo este interruptor en casa? Sí, el IGA es obligatorio por ley desde hace casi dos décadas. El Real Decreto 842/2002 lo hizo estándar para instalaciones cuando las sobrecargas o los cortocircuitos tuviesen, al menos una intensidad de 4.500 amperios (A).
Esto es así, porque aunque haya otros componentes del cuadro que también son capaces de interrumpir la corriente, el IGA es el único que lo hace enfocado en la protección de la instalación en sí misma, y no otros factores individuales.
Además, también es el único interruptor que podemos manejar manualmente para cortar la energía. Resulta fundamental a la hora de hacer obras, manipular algún componente de la instalación, o irnos del hogar durante un periodo de tiempo prolongado.
El Interruptor General Automático, conocido como IGA, es un elemento esencial en cualquier instalación eléctrica doméstica. Su función principal es proteger toda la instalación frente a sobrecargas y cortocircuitos, evitando daños en los aparatos conectados y reduciendo el riesgo de accidentes eléctricos.
Pero, como sucede con muchos dispositivos que usamos a diario, su existencia y características están reguladas por la ley para garantizar que cumpla su cometido de manera efectiva.
En España, la normativa que regula el IGA se encuentra dentro del Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión (REBT), aprobado por el Real Decreto 842/2002.
Este reglamento estableció la obligatoriedad de incluir un interruptor general en todas las viviendas modernas, definiendo tanto sus características técnicas como los criterios de instalación.
Antes de esta regulación, muchas instalaciones domésticas carecían de este nivel de protección, lo que aumentaba el riesgo de que fallos eléctricos derivaran en averías o incluso en incendios.
El REBT no solo obliga a instalar un IGA, sino que también especifica los requisitos mínimos que debe cumplir.
Por ejemplo, el dispositivo debe ser capaz de interrumpir la corriente de manera segura cuando se detecta una anomalía en la instalación, y debe tener un poder de corte suficiente para la intensidad de la vivienda.
Otra parte importante de la normativa es la ubicación y el acceso al IGA. Debe estar integrado en el cuadro eléctrico de forma clara y visible, normalmente junto al ICP (interruptor de control de potencia), pero separado de los pequeños interruptores automáticos que protegen cada circuito individual.
Esto permite que cualquier persona pueda identificarlo rápidamente y, en caso de emergencia, cortar la electricidad general sin riesgos.
La normativa también contempla que el IGA puede ser operado manualmente, lo que resulta fundamental cuando se realizan reparaciones en la vivienda, se manipulan enchufes o se desconectan equipos durante un periodo prolongado de ausencia.
Lo normal es que se ubique junto al ICP o interruptor de control de potencia, en la zona izquierda del cuadro. Suele ser fácil de identificar porque es más grande que el resto de PIAs y está algo separado.
Si tu cuadro es anterior al 2002, la posición del IGA podría ser diferente. En caso de que no lo encuentres, es recomendable que llames a tu comercializadora para dejarte asesorar. Lo recomendable será sustituirlo por uno más moderno que cumpla la normativa.
Los interruptores generales han de tener un mínimo de 25 amperios (A) de intensidad, y varían de formato dependiendo del tipo de instalación:
En caso de duda, solo tienes que recordar cuándo fue la última vez quete quedaste sin luz. En ese momento habría saltado el general del cuadro.
Determinar los amperios del IGA es clave para garantizar que proteja adecuadamente la instalación. Elegir un interruptor con una intensidad demasiado baja puede provocar que salte constantemente, interrumpiendo el suministro sin que exista un problema real.
Por el contrario, un IGA con un amperaje demasiado alto podría no actuar cuando debería, dejando la instalación desprotegida ante sobrecargas o cortocircuitos graves.
En la práctica, la normativa establece que todos los IGAs deben tener un mínimo de 25 amperios, aunque el valor exacto depende de la potencia contratada en la vivienda y de las características de la instalación.
El primer paso para conocer la intensidad adecuada es revisar la potencia contratada con tu compañía eléctrica. Si tu vivienda tiene, por ejemplo, una instalación monofásica con 5 kW de potencia, el IGA debe ser capaz de soportar esa carga y un margen adicional que cubra posibles picos de consumo.
Además de la potencia, es importante considerar el número de circuitos y la presencia de equipos de alto consumo como aire acondicionado, calefacción eléctrica o cocinas de inducción.
Cuanto más demandante sea la instalación, mayor deberá ser la capacidad del IGA para actuar de manera efectiva en caso de emergencia. Por ello, no basta con mirar solo el valor mínimo legal; conviene dimensionarlo correctamente según el uso real de la vivienda.
Si has leído el artículo en el que hablamos del interruptor de control de potencia, te habrás dado cuenta de que tanto este como el IGA sirven para cortar la corriente en caso de picos de tensión. Y estás en lo cierto.
Es normal confundir al uno y al otro porque comparten una misma naturaleza. Sin embargo no son iguales, y de hecho, un cuadro no podría funcionar en el supuesto de que faltara alguno de los dos.
Pero entonces, ¿en qué se diferencian? Pues bien, mientras el ICP solo corta la corriente cuando se supera la potencia contratada, el IGA lo hace cuando existe peligro para la propia instalación. Eso, independientemente de lo que se tenga acordado con la comercializadora.
Es decir, que, si tienes una potencia muy baja contratada y la superas, el ICP te dejará sin luz, mucho antes de que la instalación haya llegado a su límite. Uno, por tanto, hace de cepo para el otro. Son una suerte de doble protección.
Elegir el IGA adecuado implica tener en cuenta tres factores fundamentales: tipo de instalación, amperaje y calidad del dispositivo.
Respecto al tipo de instalación, lo habitual en viviendas es un sistema monofásico, que utiliza dos polos en el IGA y trabaja con tensiones de entre 220 y 230 voltios.
En instalaciones trifásicas, típicas en oficinas, locales comerciales o viviendas muy grandes, el interruptor cuenta con tres polos, uno por cada fase. Instalar un IGA incorrecto puede generar problemas de protección o incluso impedir el correcto funcionamiento del cuadro eléctrico.
En cuanto al amperaje, como ya mencionamos, debe ajustarse tanto a la normativa como a las necesidades reales de la vivienda.
No se trata solo de cumplir la ley, sino de asegurarse de que el interruptor puede responder de manera segura ante cualquier anomalía.
La calidad del dispositivo también es un aspecto crítico. En el mercado existen modelos muy variados: desde opciones básicas y económicas hasta dispositivos avanzados de marcas especializadas con mayor fiabilidad y durabilidad.
Para una vivienda estándar, no es necesario adquirir el modelo más caro, pero sí conviene optar por un IGA certificado, fabricado por marcas reconocidas y que cumpla con todas las normas de seguridad.
Además, la instalación debe ser realizada o supervisada por un profesional. Manipular un IGA sin conocimientos técnicos es peligroso y puede provocar accidentes graves o daños en la instalación.
A diferencia de lo que sucedía con el controlador de potencia, cuando salta el IGA lo más seguro es que detrás del problema haya un daño o una avería estructural. Es, así, la distribuidora la que tiene que solucionar la incidencia.
En cualquier caso, te bastará con abrir el cuadro eléctrico y volver a subir el interruptor para recuperar la luz. ¿Sigue saltando? Asómate al portal o por la ventana y comprueba que tanto tus vecinos como las farolas de la calle siguen teniendo luz.
Si está todo a oscuras, solo te quedará esperar a que los responsables de la red pongan remedio al problema que te ha dejado sin luz. Cuando este problema se repite con frecuencia, lo más seguro es que tú también tengas algo que ver.
Se recomienda evitar no enchufar muchos aparatos a la instalación al mismo tiempo para reducir la carga que soporta el IGA, y subir la potencia contratada con la comercializadora. Al fin y al cabo si el culpable es el ICP, te estarás quedando sin suministro igual.
Aunque no recomendamos manipular personalmente la instalación por peligro de electrocutarse, la realidad es que el IGA se puede reparar y hasta comprar en determinados establecimientos.
Los precios van, desde los 5-6 euros de los modelos más sencillos, hasta los más de 80 euros de las marcas más reconocidas o especializadas. Para tu casa no es necesario que desembolses tanto dinero, pero sí que prestes atención a varias cosas.
La primera es el amperaje. Recuerda que por ley debe tener 25 amperios en su ficha técnica. Pregunta al dependiente del establecimiento para que te muestre solo aquellos IGA que puedes instalar.
Puedes cotillear en Internet sobre las diferentes marcas que fabrican este componente, y ver cuál tiene mejor o peor reputación. De todas formas, ya te adelantamos que la experiencia de uso varía mucho de un caso a otro.
¿No tienes ni idea de cómo sustituir un interruptor general? Entonces es mejor que ni lo intentes. Olvídate de mirar tutoriales en Youtube y ponte en contacto directamente con algún electricista experto para que lleve a cabo la reparación por ti.
No siempre. Depende de si el IGA actual es capaz de soportar la nueva potencia contratada.
Si el interruptor tiene el amperaje adecuado para la nueva potencia, no será necesario sustituirlo. Sin embargo, si el valor es insuficiente, habrá que instalar uno nuevo que cumpla con los requisitos. Esto evitará que el IGA salte constantemente y garantizará que la instalación siga protegida de forma efectiva.
Cada vez que se modifica la potencia contratada, conviene revisar también el estado general del cuadro eléctrico y asegurarse de que todos los componentes, incluido el IGA, cumplen con la normativa y las necesidades reales de consumo de la vivienda.
Un cambio de potencia no siempre implica un cambio de interruptor, pero sí requiere una valoración técnica para garantizar seguridad y funcionamiento óptimo.
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