Miras el certificado energético, revisas la calidad de las ventanas, el aislamiento de techos y paredes, la presencia de cortinas y alfombras; lo haces todo para ahorrar calefacción. Y sin embargo hay algo que sigue fallando. ¿Por qué gastas más que los demás?
A la hora de recortar la factura del gas muchas personas no suelen recaer en un factor que viene asociado indisolublemente a la vivienda y que condiciona por completo la temperatura general de las estancias. Hablamos de la famosa orientación de la casa.
Es algo a lo que sí prestan atención quienes se están comprando una casa nueva; al fin y al cabo será lo que determine si da el sol en las ventanas de las principales habitaciones durante las horas centrales del día. ¿Quién no se preocuparía por algo así?
Pues bien, además de la comodidad que supone beneficiarse de la luz natural, la orientación de la casa también tiene un gran peso en el consumo energético. De acuerdo con diversos estudios, una mala disposición puede hacer que gastes hasta ¡un 70% más de calefacción! Ahí es nada.
Por eso en este artículo queremos hacer un repaso por las distintas opciones que hay, así como darte algunos truquillos para que domines lo de cómo saber la orientación de una fachada.
Sí, sí y sí. ¿Te has dado cuenta de que las viviendas más antiguas a veces parecen sótanos sin nada de luz? Eso es porque antiguamente se construía sin tener en cuenta para nada la orientación de las fachadas.
Hoy todas las construcciones nuevas siguen las reglas de lo que se conoce como arquitectura bioclimática. Es decir, el diseño sujeto al aprovechamiento natural de los recursos disponibles. Lo que viene siendo el sol, la lluvia, el viento y la vegetación.
Los expertos en la materia, a la hora de diseñar una vivienda, parten de una misma base: España está en el hemisferio Norte, por encima del trópico de Cáncer. Eso marca equinoccios (22 de marzo y 21 de septiembre) y solsticios (21 de junio y 21 de diciembre).
Y pensarás: "¿a mí qué me importa?" Debería. Los arquitectos se guían por esto a la hora de pensar en la orientación de casas. Nada se deja al azar. De acuerdo con EcoHabitar, este factor condiciona tanto la elección de materiales como su disposición.
La cantidad de luz que impacta sobre fachadas y ventanas. En la latitud de España lo ideal es priorizar la orientación Sur. Es decir, que una casa con las ventanas dispuestas hacia ese lado necesitarán menos calefacción para llegar a la temperatura de confort.
La revista señala que la mejor opción es la casa compacta y alargada con planta rectangular. Su fachada mayor —en la que se encuentran la mayoría de las ventanas— ha de ir de Este a Oeste, y su menor de Norte a Sur. Cuantas menos haya ahí mejor para reducir pérdidas de calor.
No es solo la radiación. La orientación de la casa también se ve afectada por la predominancia de los vientos que haya en su ubicación. Imagina que tienes la mejor disposición, pero que las corrientes no impactan de forma óptima sobre la fachada.
En invierno estarás muy cómodo y lograrás poner menos la calefacción, pero en verano te cocerás vivo por la falta de ventilación. E incluso en invierno, podrías verte perjudicado por el aire frío que pueda colarse a través de hendiduras y holguras.
¿No sabes qué orientación tiene tu casa? Sitúate en la fachada que más ventanas tenga y mira hacia el Norte. Sabiendo que el sol sale por el Este y que se pone por el Oeste, no debería costarte mucho encontrarlo.
Después no tendrás más que relacionar esa información con la dirección hacia la que discurre la propia fachada. ¿Tiene el sol golpeando por la mañana en el Este y por la tarde en el Oeste? Entonces es Norte.
Si sucede al revés será Sur. La cosa se complica cuando tenemos una orientación híbrida. Algo, que por cierto, es lo más habitual. Si ya hablamos de grados y matices más concretos, entonces es casi imposible estimar la disposición a simple vista. Vas a necesitar ayuda.
Como comprenderás, no es lo mismo recibir el sol de lleno en las ventanas durante las horas principales del día, que hacerlo a últimas horas de la tarde. Una cosa te permitirá calentar la vivienda para la noche y la otra te obligará a encender la calefacción antes.
Si solo pensamos en calefacción es la peor orientación para una casa. En invierno, que es cuando más la necesitas, gastarás por encima de la media. Eso sí, en verano resulta ideal para viviendas del sur de la península porque reduce el consumo de refrigeración.
Igualmente es interesante para locales no residenciales porque esta es la única orientación que tiene al fortuna de recibir la luz de manera uniforme durante todo el día. Cierto que solo recibirás radiación por las mañanas y tardes en verano, pero ¿qué importa para un garaje o una despensa?
Recibirás mucha radiación durante todo el día en primavera, otoño e invierno, y quizás te achicharres en verano. Lógicamente, la orientación sur es interesante para viviendas del norte de España, y todo lo contrario para las del sur. Ahí deberás pensar en el gasto en aire acondicionado.
Dejando el calor de lado, estas casas son por lo general muy luminosas durante todo el año. Por eso te puede resultar atractiva si afortunadamente tienes ventanas muy grandes o vives en un bajo y necesitas mucha luz.
Para los que quieren aprovechar los primeros rayos de luz. La orientación este recibe mucha radiación por la mañana (hasta pasado mediodía), y va perdiendo esa fuente de energía según pasan las horas. Por las noches en invierno estas casas pueden llegar a ser muy frías.
Si buscas casa en el sur de España, debería ser tu segunda prioridad después de la orientación sur. En verano recibirás poco calor por la mañana y conseguirás esquivar los peores momentos del día.
Justo lo contrario a la anterior. La orientación oeste no recibe nada de luz durante las mañanas y empieza a ser impactada por la radiación a partir del mediodía. Estas viviendas son las que más sufren las oleadas de calor en verano, y las que más frío padecen al revés en invierno.
¿Es la menos recomendable? Depende. Si vives en el norte te interesará especialmente en invierno, porque conseguirás arañar el calor del sol en los momentos del día que más fuerza tienen: desde el mediodía hasta la noche. En el sur será tu verdadera ruina.
La orientación norte y la sur son prácticamente opuestas en su comportamiento energético dentro del hemisferio norte, y eso se nota en el día a día de la vivienda.
Las viviendas orientadas al norte reciben menos radiación solar directa durante el año. Esto se traduce en espacios más frescos y con luz más uniforme, sin grandes picos de calor.
Es una ventaja clara en climas cálidos o en zonas donde el verano aprieta. Sin embargo, en invierno esa falta de sol juega en contra: cuesta más mantener una temperatura confortable y la dependencia de la calefacción aumenta.
En el caso de la orientación sur ocurre lo contrario. Es la que más aprovecha la radiación solar, sobre todo en los meses fríos, lo que reduce de forma notable el consumo de calefacción. Las estancias se calientan de manera natural y se mantiene mejor el confort térmico.
La parte menos amable llega en verano, cuando puede provocar sobrecalentamiento si no se acompaña de sombras, ventilación o protecciones solares adecuadas.
En resumen, no hay una orientación “perfecta”, sino un equilibrio entre confort, clima y uso de la vivienda.
La orientación de una vivienda influye directamente en cuánto dependes de la calefacción en invierno y del aire acondicionado en verano. No es un factor aislado: actúa junto al aislamiento, las ventanas o la ventilación, pero puede marcar diferencias importantes en la factura.
Una buena orientación permite aprovechar la energía solar como apoyo natural. Esto significa menos horas de calefacción encendida y una mayor estabilidad térmica interior.
En algunos casos, el ahorro puede ser significativo a lo largo del año, especialmente en viviendas con grandes superficies acristaladas bien orientadas.
Por el contrario, una orientación poco favorable obliga a compensar constantemente la falta o el exceso de sol. Esto se traduce en consumos más altos de climatización y en una mayor dependencia de sistemas artificiales para mantener el confort.
En términos prácticos, la orientación no reduce el consumo por sí sola, pero sí condiciona el “esfuerzo energético” que necesita la vivienda para mantenerse a buena temperatura. Es decir, puede hacer que todo lo demás funcione mejor… o que todo cueste más.
Antes de nada, tenemos que recordarte que las casas no tienen una sola orientación. De hecho, las que en realidad tienen orientación son las fachadas. Si tienes la mala suerte de contar con una disposición desfavorable, siempre puedes reorganizarte.
Esa es precisamente la solución a una mala orientación. El edificio es el que es y tenías que haberlo estudiado antes de comprarte la casa. Ahora que ya no hay vuelta atrás, tus posibilidades se resumen en: pagar dinero o no hacerlo.
Es decir, en reestructurar las estancias para mover, por ejemplo, el salón a la fachada más favorable según tus hábitos, o reforzar el aislamiento en esas zonas que sabes que son más frías. ¿Y lo de pagar?
También tienes la posibilidad de meterte en reformas y cambiar la cocina de estancia, o instalar toldos especiales y ventanas reforzadas allí donde sabes que las vas a necesitar. Soluciones siempre hay, pero varían dependiendo de la orientación de la casa.
Resumiendo: para casas en el norte de la península busca orientaciones Sur y Oeste, y para viviendas en el Sur, orientaciones Este y Norte. Si es mixta mejor porque lograrás una ventilación cruzada valiosísima en regiones de mucho calor.
Aprovechar bien la luz solar no depende solo de la orientación, sino también de cómo organizas y adaptas el interior de la vivienda.
Uno de los primeros pasos es mantener las zonas de mayor uso, como el salón o el comedor, en las áreas que reciban más luz durante el día. Esto reduce la necesidad de iluminación artificial y ayuda a ganar sensación térmica en invierno.
También es clave jugar con elementos que regulen la entrada de sol. Cortinas ligeras en invierno permiten aprovechar el calor, mientras que estores o persianas ayudan a evitar el sobrecalentamiento en verano.
Las soluciones intermedias, como toldos o láminas solares, pueden marcar una gran diferencia en ventanas muy expuestas.
Otro punto importante es no bloquear la entrada de luz con muebles voluminosos o elementos que hagan sombra innecesaria. A veces pequeños cambios en la distribución mejoran bastante el confort.
Por último, la ventilación cruzada es un aliado olvidado: abrir ventanas en lados opuestos de la vivienda ayuda a renovar el aire y a regular la temperatura sin depender tanto de sistemas de climatización.
Con ello, te llegará siempre el momento de calentar la casa. Asegúrate de que lo haces con una energía que respeta tus esfuerzos de sostenibilidad y ahorro. Entra en nuestra web o llama al 900 622 700 y deja que te ayudemos desde Yoigo LUZ y GAS.